Ésta es la pagina de los egresados de la I.E. Antonio Nariño de Calarcá. En ella estaremos publicando una serie de perfiles de nuestros egresados progresados de nuestra amada institución.
David; un egresado que volvió como profe, que
enseña con alegría, escucha con el alma y baila con el corazón
Por: Diego Alejandro Jiménez Agudelo, Prensa escuela
A David Stiven Díaz Prada lo delata la sonrisa. Es de esas sonrisas amplias, sinceras, que parecen ancladas a la infancia y que se niegan a envejecer. Nació en Armenia, Quindío, el 11 de febrero de 1999, pero su alma —dicen quienes lo conocen— sigue siendo la de un niño alegre, solidario y lleno de ideas.

Egresado del Colegio Antonio Nariño de Calarcá en el año 2015, hoy David cursa el octavo semestre (2025) de la Licenciatura en Educación Física, Recreación y Deportes en la Universidad del Quindío. No solo es estudiante: es un soñador empedernido, recreacionista apasionado, emprendedor innato, creyente activo, y además, durante casi cuatro años ha ejercido como practicante en el Antonio Nariño, donde egresó, y ahora guía a los más jóvenes por el camino que él mismo recorrió pero también se ha convertido en maestro de sus propios maestros.
“Me encanta mi labor”, dice con firmeza y humildad. Para David, enseñar no es repetir fórmulas ni imponer reglas. Enseñar es escuchar. Escuchar al estudiante, al cuerpo, al movimiento y al momento. Por eso sus clases están llenas de risas, juegos, preguntas, música, baile y reflexión. “La actividad física no se limita al deporte —dice—, también se disfruta desde lo que nos gusta, desde lo que somos”. Y David es deporte, ritmo y sonrisas; no solo ejerce como profesor de Educación Física en primaria, sino que, arma coreografías con los jóvenes de secundaria y lidera un grupo juvenil en una comunidad cristiana.

David pertenece a la iglesia Asamblea de Dios, y desde allí participa activamente en un grupo de campismo llamado Exploradores del Rey. Su vocación de servicio no solo se manifiesta en lo académico: también hace labor social en barrios vulnerables de Calarcá, donde organiza actividades lúdicas y motrices para niños y niñas. “Me gusta ver cómo los otros crecen, cómo van aprendiendo, cómo se sienten felices”. Servir es su vocación de vida, siempre está dispuesto a colaborar, y quiénes lo rodean lo describen como un ser de luz, sonrisa y solidaridad.
Aunque no tiene hijos biológicos, habla con orgullo y ternura de dos niñas a quienes considera sus hijas del corazón. Ellas lo llaman “papá”, y él lo asume con amor. Su familia es su refugio: vive con su abuela, sus padres, sus tíos, un perro llamado Hogan y una gata llamada Simona, en una casa donde la convivencia es tan importante como cualquier teoría pedagógica: se enseña y se aprende desde el amor, la comprensión y la unidad. Dice que “hay dificultades por superar pero que se resuelven con amor”
Su camino académico no comenzó en la universidad. Al terminar el colegio, David también obtuvo el título de técnico en contabilidad y finanzas con énfasis en inspecciones comerciales, manejo de Siigo entre otros, lo cual demuestra su faceta emprendedora y creativa: siempre está gestando nuevas ideas, proyectos o negocios. Porque esa es su otra faceta, un emprendedor de las pantallas digitales.
Pero si algo define su manera de ver el mundo, es la pedagogía del afecto y del respeto. David cree en el aprendizaje significativo, en el diálogo entre saberes, en la posibilidad de que el maestro también aprende del estudiante. “Escuchar es comprender. Si uno no escucha a sus estudiantes, jamás sabrá qué esperan ni cómo viven. No se trata de hacerlo todo bien, sino de saber que siempre hay algo por mejorar”.

En sus palabras, en su energía, en su entrega diaria, David demuestra que ser maestro no es solo una profesión: es una forma de estar en el mundo con generosidad, con movimiento, con alegría. Como si la vida misma fuera una gran cancha en la que lo importante no es ganar, sino jugar con sentido.
Hoy, como el primer perfil de esta nueva serie de egresados de la Institución Educativa Antonio Nariño de Calarcá, David nos recuerda que el aula está en todas partes y que los grandes educadores no enseñan solo con palabras, sino con el ejemplo.
Y él, sin duda, es uno de ellos.